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22 Febrero 2017

Cómo llegar hasta la estratosfera en un planeador

El País

Con muy escasas excepciones –el Concorde era una de ellas– la inmensa mayoría de los aviones están diseñados para volar a una altitud máxima de 12 o 13 kilómetros. Sin embargo, en estos momentos hay dos equipos trabajando en otros tantos aviones que tienen como objetivo llegar bastante más arriba –unos 30.000 metros– y, además, con cero emisiones.

El que está más avanzado es el Proyecto Perlan 2, que pretende alcanzar esta altitud con el Perlan 2, un planeador que es una evolución del Perlan, que en agosto de 2006 superó los 15.000 metros de altitud sobre Argentina. Se trata de un avión presurizado, por lo que sus dos ocupantes pueden volar en él sin necesidad de trajes especiales, de casi 30 metros de envergadura y unos 600 kilos de peso en vacío.

El otro equipo es el del SolarStratos, un planeador con motor, o motovelero, aunque impulsado por dos motores eléctricos que suman una potencia de 50 CV y que funcionan gracias a los 22 metros cuadrados de paneles solares que cubren el avión, de ahí lo de volar sin emisiones. En este caso la envergadura es de 25 metros y el peso en vacío de 450 kilos. A cambio, no es presurizado, con lo que sus ocupantes tienen que llevar trajes similares a los de los astronautas.

El Perlan 2 ya está haciendo sus primeros vuelos de prueba en Argentina y podría intentar volar a la estratosfera este año; SolarStratos apunta más bien hacia 2018. Los dos aviones tienen como objetivos principales servir como plataforma para estudiar la atmósfera y llevar instrumentos científicos a la estratosfera. A la altitud que van a volar estarán por encima de la mayor parte de la humedad que contiene la atmósfera, lo que permite hacer ciertas observaciones que desde más abajo son imposibles.

Un posible uso de ambos aviones es el del turismo cuasi-espacial, ya que a los 30 kilómetros de altitud el cielo es negro aún de día y se pueden ver las estrellas como en ningún sitio de nuestro planeta

También servirán como plataforma para avanzar la tecnología aeronáutica, llevándola a sus límites, con especial énfasis en el caso del Perlan 2, que quiere demostrar las posibilidades de las energías renovables. De hecho, una de las personas que está detrás del proyecto es Bertrand Piccard, uno de los pilotos que dio la vuelta al mundo sin gastar una gota de combustible con el Solar Impulse 2.

Otro posible uso de ambos aviones es el del turismo cuasi-espacial, ya que a los 30 kilómetros de altitud el cielo es negro aún de día y se pueden ver las estrellas como en ningún sitio de nuestro planeta, además de poder ver la curvatura de éste.

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