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23 Febrero 2017

Del ‘naranja NASA’ al ‘azul Boeing’: así vestirán los astronautas de Estados Unidos

El Confidencial

Más ligeros, cómodos, fáciles de usar y, sobre todo, de un azul radiante. Así son los trajes espaciales que los astronautas a bordo de la nave Starliner llevarán cuando, a partir de 2018, Boeing comience a enviar astronautas a la Estación Espacial Internacional desde suelo estadounidense.

Presentados ayer por la tarde, los trajes cambian el tradicional naranja que hasta la fecha habían vestido los astronautas a bordo del transbordador espacial (un color escogido por su visibilidad en caso de tener que efectuar un rescate) por el llamado ‘azul Boeing’. Los trajes pesan 9 kilos, una rebaja sensible si se tiene en cuenta que los que se utilizaban en el transbordador llegaban a los 13,6 kilos.

Según Boeing, los materiales son más flexibles y cuentan con guantes que permiten manipular las pantallas táctiles que tendrá la nave Starliner. El casco, en lugar de ser una pieza independiente, está incluido dentro del propio traje. “Es mucho más simple, lo que siempre es una buena noticia. Cualquier complicación en un sistema de este estilo implica que existen más posibilidades de que surja alguna complicación, así que la simplicidad siempre es beneficiosa”.

Los trajes no está pensado para hacer paseos espaciales (esos están almacenados en la Estación Espacial Internacional) sino para ofrecer una doble medida de seguridad a los astronautas en caso de que surja alguna anomalía durante el vuelo. “Es una segunda medida de seguridad de la misma manera que tienes un extintor en la cabina en caso de necesidad”, ha explicado Richard Watson, responsable de trajes espaciales dentro del programa de vuelos comerciales que regula la relación de la NASA con Boeing y SpaceX.

Ambas firmas deberían haber efectuado sus primeros vuelos tripulados en este 2017 aunque los retrasos han sido la norma tanto para Boeing como para SpaceX. Si los dos contratistas cumplen con los últimos calendarios, no podrán enviar tripulaciones a la estación hasta la segunda mitad de 2018. Por el camino todavía espera un largo camino en el que ambas naves deberán hacer un viaje al espacio sin tripulación y otro con astronautas a bordo para comprobar que todos los sistemas son seguros y que Estados Unidos puede volver a enviar astronautas al espacio desde sus puertos espaciales, fenómeno que no se produce desde 2011.

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