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20 Noviembre 2017

El Colegio Oficial de Pilotos pide una revisión del sector aéreo y del acceso y desarrollo profesional de los pilotos

La selección y formación integral de los pilotos es fundamental como un factor de seguridad.

El Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial (COPAC) considera imprescindible que autoridades aeronáuticas, operadores y profesionales analicen de forma conjunta la situación del sector aéreo para establecer las medidas de mejora que mantengan y refuercen aún más los niveles de seguridad de la aviación.

Los sucesos aéreos de los últimos meses, y especialmente el trágico accidente de Germanwings, han dado lugar a debates en torno a la profesión de piloto y la seguridad aérea. Para el COPAC, se ha puesto de manifiesto la necesidad de analizar diversos aspectos relacionados con el rol que desempeñan los pilotos, como garantes últimos de la seguridad de las operaciones y de los usuarios del transporte aéreo, pero al mismo tiempo sometidos a fuertes presiones por las cambiantes condiciones de la profesión, las políticas comerciales de las compañías o la falta de adecuación de la regulación a la realidad de las cabinas de vuelo.

En este sentido, el COPAC manifiesta lo siguiente:

  • La profesión de piloto conlleva una enorme responsabilidad y tiene un efecto directo sobre la seguridad y el bienestar de las personas. Desde esta premisa, el COPAC considera que las áreas de mejora esenciales sobre las que hay que trabajar son la selección y la formación de los pilotos. En ambos procesos es necesario contemplar las habilidades técnicas vinculadas al ejercicio profesional, pero hay que recuperar el peso y valor de los aspectos humanos, éticos y culturales, ofreciendo una formación integral que preserve los valores éticos y fomente la responsabilidad y el criterio profesional.
  • En el modelo actual de transporte aéreo, marcado por la competitividad y el rápido crecimiento de algunas compañías –especialmente en países con economías en expansión-, ha dado lugar a nuevos modelos de contratación a través de brokers aéreos y fomentando la aparición de pilotos autónomos. A pesar de la alta cualificación de estos profesionales, el contexto dificulta su formación recurrente y merma su capacidad para tomar decisiones facultativas por condicionantes comerciales. Estas modalidades son contrarias a los principios esenciales de cultura de seguridad y al necesario conocimiento y asimilación de la correspondiente cultura empresarial y operacional de una compañía aérea.
    En muchos casos estas contrataciones son temporales y es responsabilidad del piloto mantener la vigencia de su licencia y habilitaciones. Por tanto, los cambios empresariales que se han gestado en el sector aéreo provocan inestabilidad profesional, social y familiar y generan precariedad profesional, factores que conllevan riesgos psicosociales e importantes cargas de estrés para los pilotos.
  • El sector aéreo debe tender a modelos de transparencia y prevención, donde cualquier factor de riesgo, incluidos los problema psicofísicos de las tripulaciones, puedan ser detectados, corregidos y, en caso de aparecer, tratados adecuadamente.
  • La supervisión por parte de las autoridades aeronáuticas tanto de las compañías como de los profesionales, cuya licencia está emitida y certificada por dicha autoridad, debe mejorar cuantitativa y cualitativamente. El acceso a la profesión debe ser especialmente escrupuloso, con los filtros y procesos adecuados y garantizando un mínimo de horas de vuelo suficientemente amplio para evaluar las capacidades técnicas y no técnicas y la madurez del piloto.
  • Tecnología y piloto son complementarios, pero en ningún caso la tecnología puede sustituir al piloto, especialmente en condiciones anormales distintas a los estándares bajo los que se definen los procesos. El desarrollo tecnológico de las aeronaves, con la incorporación masiva de los automatismos, y la formación y entrenamiento que reciben los pilotos no han seguido una evolución paralela. Es necesario acompasar ambos factores para que las tripulaciones puedan gestionar adecuadamente cualquier situación que se produzca durante la operación aérea.
  • Para mejorar la seguridad del transporte aéreo no se deben adaptar medidas precipitadas, cuya única finalidad sea ofrecer tranquilidad a la opinión pública y sin efecto alguno real sobre la seguridad de las operaciones. Cualquier medida operacional o de otra índole que se adopte debe ser suficientemente estudiada e ir acompañada de un análisis de riesgos y unos protocolos de actuación que garanticen al máximo la conveniencia y efectividad de las medidas.
  • Los pilotos somos expertos en operación de aeronaves y nuestro criterio es único en el conjunto del sector. La visión y experiencia del piloto, por tanto, debe ser tenida en cuenta a la hora de implementar cambios o tomar decisiones orientadas a la mejora de la seguridad y calidad del servicio que se presta a los pasajeros.

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