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25 Junio 2017

Tribuna: Cielos cautivos

Cinco Días

La semana pasada hemos padecido las consecuencias de la huelga de controladores aéreos franceses. Y remarco el verbo hemos porque, pese a que se ha convocado en el país vecino, los paros de los controladores no saben de fronteras y han afectado a la actividad aérea en España: son huelgas extraterritoriales porque sus efectos traspasan el territorio nacional del país donde se convocan.

Respetando el derecho que tiene todo colectivo, incluido el de estos grandes profesionales que son los controladores, a interrumpir la actividad laboral para reivindicar sus peticiones, quiero poner de relieve las dañinas consecuencias para los pasajeros y las compañías que padecen la paralización de la actividad de los cielos galos más allá de sus fronteras. Derecho a la huelga, sí, pero derecho a la libertad de movimiento, también.

Francia es un país extenso, cuyo espacio aéreo hay que sobrevolar para llegar al resto del continente, y las huelgas recientes han obligado a cancelar vuelos no solo con destino al país galo, sino también al Reino Unido, Holanda o Alemania, por citar algunos. Entre las compañías más afectadas se encuentra Vueling, una de cuyas bases está en Barcelona, junto al espacio aéreo francés. Tiene un 70% de sus vuelos sobrevolando cada día ese espacio aéreo y ha tenido que cancelar casi 100 vuelos, sin hablar de los retrasos causados en la operación del resto.

El agravio económico es incuestionable. Esta huelga ha afectado a alrededor de un millón de pasajeros. En términos globales, es indudable su incidencia en el sector turístico, en el empleo y en la economía. Un reciente estudio de Airlines for Europe (A4E) sobre el impacto económico de las huelgas de controladores aéreos en Europa cuantificó en 12.000 millones de euros el coste económico para la UE por las 117 convocatorias de paros de estos colectivos desde 2010 hasta 2016. Ello responde a los ingresos que se dejan de percibir por los turistas que desisten de viajar, lo que hace que se resienta la caja del sector servicios del país de destino, o la consiguiente pérdida en la productividad de los pasajeros que viajan por motivo de negocios.

Un paro en el control aéreo obliga a las compañías a reaccionar y buscar alternativas para garantizar el transporte de sus pasajeros. Aunque la cancelación, o un largo retraso en su caso, se deba a causas ajenas a las compañías, eso no les exime de costear la asistencia a los pasajeros afectados (comidas, alojamiento, etc.), de tener que devolver el billete o, incluso, de asumir costes adicionales de tripulación por prolongación del horario de trabajo. El impacto en las compañías por las huelgas de controladores registradas en el período de 2010 a 2016 se valora en 80 millones de euros anuales, excesivo por una causa totalmente ajena a su control.

También debemos preguntarnos si la configuración de nuestros cielos y el sistema europeo de navegación aérea es realmente eficiente. El modelo de EE UU es un claro ejemplo de que, con menos, se puede hacer más.

Ambos sistemas son operados con similar tecnología y conceptos operacionales, si bien el de EE UU tiene un único proveedor de servicio de navegación aérea, mientras que en la UE se cuentan nada más que 37. Y pese a que el tamaño de ambos espacios aéreos es similar, en EE UU, con un 24% menos de controladores, se operaron un ¡57%! más de vuelos que en la UE en 2015.

Europa tiene un espacio aéreo fragmentando e ineficiente. Una gestión centralizada, con sistemas y procedimientos armonizados y con un diseño y una tecnología más moderna, aumentaría la capacidad del sistema y evitaría retrasos, ahorrando costes y emisiones de CO2 a la atmósfera. Sin duda, la iniciativa del Cielo Único Europeo, diseñada hace años pero aún no implementada, traería una gestión del espacio aéreo más eficiente y optimizada y, en última instancia, beneficiaría al pasajero. En el asunto de la navegación aérea está en juego el prestigio y la reputación de Europa.

En definitiva, necesitamos una legislación de ámbito europeo que proteja a los pasajeros de verdad y que garantice su libertad de movimiento. Por eso, reclamamos valentía a todos los niveles para que las instancias europeas y nacionales aceleren la implementación del Cielo Único Europeo. Recientemente hemos conocido que la secretaria general de Transporte, Carmen Librero, es la candidata española para dirigir Eurocontrol. Cuenta con todo nuestro apoyo, esperamos que resulte elegida y pueda dar impulso desde la organización europea para la seguridad de la navegación aérea a este proyecto.

Antonio Pimentel García-Valdecasas es presidente de la Asociación de Compañías Españolas de Transporte Aéreo (Aceta).

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