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29 Mayo 2017

Un avión con biocombustible emite la mitad de partículas en pleno vuelo

La Vanguardia

En un estudio que cuantifica por primera vez las emisiones de los aviones que vuelan con biocombustible, científicos liderados por la NASA han concluido que una mezcla que contiene derivados de una planta reduce entre un 50 y un 70% la liberación de partículas a la atmósfera.

La investigación, que se publica esta semana en la revista Nature, es un paso adelante para valorar qué efectos tendrá en el clima que la industria de la aviación pase de alimentar los motores de los aviones con combustibles fósiles a utilizar otros procedentes de plantas o algas, es decir, biocombustibles.

Hasta la actualidad se había analizado el uso de biocombustibles en aviones en tierra firme, y se había concluido que emiten menos partículas ultrafinas, lo que puede ser beneficioso para la salud de las personas en los aeropuertos y sus alrededores.

Pero nunca se había cuantificado en pleno vuelo, donde las condiciones de humedad, presión y temperatura son diferentes, y donde las principales consecuencias están relacionadas con el calentamiento global.

Y es que las partículas, residuos de la combustión incompleta de los carburantes, contribuyen a la formación de las estelas que los aviones dejan a su paso. Estas, a su vez, parecen absorber la radiación infrarroja que la Tierra emite al exterior, por lo que fomentan que aumente la temperatura en el planeta.

Biocombustible derivado de aceite de camelina

Para el experimento se escogió como carburante una mezcla a partes iguales de combustible convencional y de biocombustible fabricado a base de aceite de camelina. Tanto esta planta como la jatropha o las algas son “materias primas prometedoras para los futuros biocombustibles de la aviación”, indican los autores en el artículo.

El equipo de científicos, entre los que también se encuentran investigadores europeos y canadienses, comparó las diferencias entre el uso de esta mezcla y de dos combustibles fósiles.

Para ello utilizaron dos tipos de aviones que subieron hasta unos 10.000 metros de altitud: uno, con cuatro motores, voló a diferentes fuerzas de propulsión y probó las tres opciones de carburantes; el otro le seguía a entre 30 y 150 metros y tomaba muestras de las partículas emitidas.

 Los experimentos se llevaron a cabo en 2013 y 2014 en el Centro Armstrong de Investigaciones de Vuelo de la NASA, en Palmdale (California), e indicaron que la mezcla que contenía biocombustible redujo hasta un 70% tanto el número como la masa de las partículas liberadas por las turbinas.

Según explican los investigadores en el artículo, la reducción tiene mucho que ver con una menor liberación del llamado carbono negro, muy relacionado con el efecto invernadero. También detallan que, a fuerzas de propulsión más altas, esa reducción es menor.

Muchas incertidumbres pero un avance imparable

Aunque la disminución en la emisión de partículas es clara, los investigadores concluyen el artículo como lo empiezan: todavía existen muchas incertidumbres sobre el efecto de las estelas de los aviones en el calentamiento global y harán falta más estudios para conocer el papel que los biocombustibles juegan en ello.

Pero, a día de hoy, “el uso en la aviación de combustibles alternativos sostenibles es imparable y este estudio es un primer paso para conocer mejor cómo puede afectar su uso al calentamiento global”, explica la doctora en Ciencias Ambientales Inmaculada Gómez, consultada por Big Vang.

Gómez no ha participado en el trabajo pero conoce muy de cerca la cuestión al haber coordinado el proyecto europeo ITAKA, para la producción y el uso de biocombustibles de aviación en Europa de una forma económica, social y ambientalmente sostenible.

El proyecto ha promovido, precisamente, la producción de cultivos de camelina en España, y ha conseguido que todos los aviones que salen del aeropuerto de Oslo lleven en sus tanques una pequeña cantidad de biocombustible. También incluyó el análisis del efecto del uso de los biocombustibles en las emisiones en tierra de un motor auxiliar de las aeronaves. Las conclusiones fueron similares a las del artículo que esta semana publica Nature.

Menos dióxido de carbono

Más allá de las partículas, si los biocombustibles procedentes de plantas son energía de futuro es, en primer lugar, porque estas plantas consumen dióxido de carbono (CO2), lo que permite reducir la cantidad de este gas en la atmósfera aunque se siga generando por combustión en los motores.

“Se calcula que, si queremos reducir las emisiones de CO2, en los próximos años la aviación no tiene otra opción que usar biocombustibles más sostenibles, al contrario que otros modos de transporte que tienen alternativas como la electrificación”, detalla en este sentido la investigadora.

“En cuanto a las partículas que generan los biocombustibles, lo importante no es que procedan de plantas sino la tecnología que se aplica para transformar las materias primas en carburantes. Esta tecnología evita impurezas que, en cambio, sí que contienen los combustibles fósiles”, aclara.

Por todo ello, “para la industria es importante saber si, además de reducir el CO2, los biocombustibles tienen un efecto positivo en la disminución de la emisión de partículas, no solo en tierra, sino durante el vuelo”, concluye Gómez.

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