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26 Abril 2017

“Una gran tristeza nos devora. No hay días buenos”

El Periódico

“En junio del año 2015 nos reunieron a todos los familiares en París, donde el fiscal Brice Robin expuso el resultado de las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento. Nos dijo que que el copiloto nunca tendría que haber estado sentado en el puesto de mando, que el sistema había fallado y que lucharía para poder esclarecer toda la verdad. Expuso un trabajo hecho con toda profesionalidad y nos comentó que llegaría hasta el fondo de la cuestión. Nos dio mucha esperanza, pero en julio de 2016 cambiaron su destino. ¿Por qué…? Confiamos en que la justicia francesa seguirá el altísimo listón marcado por Robin”.

Quien habla es el gerundense Narcís Motgé Surroca. Su hijo Jordi, brillante ingeniero de 37 años, murió “asesinado” en el fatídico vuelo GWI 9525, junto a otros 148 compañeros, pasajeros y tripulantes. Narcís forma parte de un grupo de familias que luchan y continuarán “luchando hasta el final el final, para que se imponga la verdad, se asuman  responsabilidades y que algo así no pueda volver a suceder”.

El tiempo transcurrido no ha atenuado su dolor. “Estamos mal, muy mal. Una gran tristeza nos devora. Hay días menos malos. Lo que no hay son días buenos. Mi mujer mira con frecuencia el reloj a las 10 (el momento del embarque) y recuerda los momentos vividos por Jordi. Es terrible. Teníamos una vida hasta el 24 de marzo de 2015 y otra a partir de este día”, cuenta sin tapujos.

Un año antes de la tragedia, Jordi había sido nombrado responsable de energía alternativas (eólica y fotovoltaica) de la multinacional alemana Weidmuller. Y ese dia se desplazaba de Barcelona a Alemania junto con dos compañeros de la empresa: Arnau y Toni. “Tenían un futuro muy brillante y prometedor, formando un equipo extraordinario. El sábado siguiente teníamos que decidir el día de la ceremonia de la boda de Jordi y Gemma, ya tenían los preparativos muy avanzados”, recuerda Narcís.

PASIÓN POR LOS AVIONES

Entre las muchas cosas que compartía con Jordi estaba su afición por los aviones. Tienen en casa un simulador de vuelos y varios aviones de aeromodelismo.“Tenía una gran habilidad para manejar el simulador. Yo siempre los estrellaba, lo contrario que él. Le llegué a decir que se había equivocado de profesión, que tenía que haber sido piloto”.

Narcís ha ejercido durante años como director técnico del Parc de la Devesa de Girona. La tarde anterior a la tragedia estuvo paseando por ella con el entonces alcalde de Girona, Carles Puigdemont. “Le expliqué el Plan Director sobre los plátanos de la Devesa, que estábamos elaborando, y del que Jordi había hecho todo el programa informático. Desgraciadamente el programa se quedó, junto a él, en los Alpes. Lo tenía en su ordenador”.

La familia ha viajado varias veces al lugar de los hechos. Han recorrido las montañas y han hablado con algunas personas que fueron testimonios de los últimos instantes del vuelo viendo que el avión iba a muy bajo. Narcís quiere agradecer el gran cariño recibido por todos los vecinos de los pueblos de Le Vernet, Prads y alrededores, así como a los alcaldes Francois Balique y Bernat Bartolini. También el trabajo realizado por todas las personas que trabajaron en el suceso, en especial a Pere Padrosa (representante de la Generalitat) que fue la primera persona que les recibió y acompañó al lugar.

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